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La nutrición cuenta

La profesora María Candia frente a sus alumnos de tercer grado en El Alto, La Paz con su poderosa voz repentinamente calla a los 20 niños que están en uniforme jugando y conversando. La clase inicia.

Por: Donna Stokes (Revista World Ark)*

El día soleado es especial cuando las lecciones de nutrición están  junto a un refrigerio preparado por las madres y abuelas de los niños. El regocijo es difícil de contener con un sabroso almuerzo que les espera; pero primero, hay más lecciones que aprender.

María Candia pide a los estudiantes leer las tarjetas que están sobre las mesas y luego colocarlas en el grupo apropiado de alimentos de la pizarra. Los niños gritan juntos los tres grupos de alimentos: “FORMADORES”, “ENERGIZANTES” Y “REGULADORES PROTECTORES”, ¿Y para qué son los reguladores?, pregunta la profesora a un niño que lleva a la pizarra la tarjeta de mandarina y la pone en este grupo. “Para hacerte más fuerte y que no te enfermes”, responde una niña desde la esquina del aula. “Bien, así es” dice la profesora y continúan con tarjetas de todas las mesas de la clase.

Una niña con una moña roja en la cabeza continúa colocando la tarjeta con una figura de un pan en el grupo de los energizantes. Los corderos y las vacas van en los formadores. Las uvas van junto con las mandarinas en la sección de protectores. La profesora luego muestra un mapa de Bolivia y enseña a los niños en qué área del país se produce estos alimentos.

“La lección me interesa, porque si comemos más de comida sana, van a producir más; así habrá más para comer”, comentó Sharem Noelia Mendoza de 7 años de edad. Estas clases, son parte de los logros del proyecto “Modificando prácticas de inseguridad alimentaria en espacios urbano marginales de los Distritos 2 y 3 de El Alto - La Paz” (23-1133-02), con el cual el Centro Boliviano de Investigación y Acción Educativa (CEBIAE) con el apoyo de Heifer, ha adecuado la currícula para incluir la temática en el aula.

Estos estudiantes en El Alto, están aprendiendo de donde vienen sus alimentos. Sus padres y abuelos, que crecieron en el campo, recuerdan haber producido cultivos como la quinua, papas, cebada y arvejas en las tierras de sus familias en las altas montañas. El duro clima incluyendo granizo y heladas, viento y sequía hacen muy difícil el cultivo de los alimentos, por lo que muchas familias se trasladaron a las ciudades para tener lo suficiente para comer. Generalmente las familias se separan de los abuelos que se quedan en el área rural y los padres y niños moviéndose a la ciudad.

Una vez en la ciudad, pierden el contacto con tradiciones y alimentos nativos.  Heifer International, organización sin fines de lucro con base en Little Rock Arkansas, tiene la misión de terminar con el hambre y la pobreza del mundo, cuidando la tierra. Esta institución, en alianza con el CEBIAE, ha intensificado la enseñanza sobre la nutrición a niños de las ciudades, mientras también se provee de llamas y alpacas a aquellas familias que deciden quedarse en el campo.

A lo largo del mundo en países de desarrollo, los animales son como una cuenta de banco y apoyan a las familias para que tengan un poquito más. La leche de vacas y cabras, la lana de ovejas y los huevos de gallinas, proveen de ingresos, nutrición y sustento a campesinos. Los búfalos de agua, bueyes, camellos y caballos ayudan con los cultivos y las tareas de carga y transporte.

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Heifer internacional incluye en su propuesta de desarrollo, la entrega de animales como una forma de apoyo a las familias pobres dependiendo de sus necesidades. Junto a procesos educativos y de capacitación, fortalecimiento organizativo para la incidencia política y producción limpia, los animales son parte del apoyo brindado en 54 países y 28 estados de los Estados Unidos.

Sin embargo, la entrega de animales el concepto tangible con el cual Heifer establece el sentido de su misión hacia el donante americano. Desde la premisa inicial de entregar “no un vaso de leche, sino una vaca”, Heifer nació como una institución que buscaba la sostenibilidad en su acción de ayuda. De esta forma, un catálogo con fotografías de animales junto a familias participantes, es repartido a millones de familias americanas, que sin importar su edad e ingresos, dan un poco de sí para hacer la diferencia. Compran un regalo en forma de oveja, cabra o cerdo en $us. 10, que va uniendo a millones de personas que brindan su apoyo.

En el norte de Bolivia, las familias reciben llamas o alpacas, animales que pueden sobrevivir con los pequeños pastos de pendientes espinadas, casi estériles. El estiércol de los animales es utilizado  para fertilizar los cultivos, incrementando la producción de alimentos. La lana puede ser utilizada para tejer colchas preciosas, chompas, gorros y guantes. Los niños mayores están encargados del cuidado de los animales y se ponen muy felices cuando las crías nacen en primavera.
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Una de las tradiciones más honradas de Heifer continúa en este momento, el pase de cadena. Las familias que reciben llamas o alpacas de Heifer, entregan la primera cría a sus vecinos y así con el tiempo, toda la comunidad se beneficia de los animales. Cuando la llama o alpaca crece y produce, son pasados nuevamente a otra familia con necesidades. Por esto, un solo regalo de un animal puede continuar apoyando a toda una comunidad por muchos años.

Es un reto para Heifer Bolivia, asegurar que alimentos nutricionales y una vida saludable esté disponible para todos los bolivianos como un derecho humano, sin importar donde eligen vivir. Con los animales se tiene la esperanza de que más familias puedan estar juntas con suficiente trabajo y alimentos para vivir dignamente en la tierra de sus ancestros. El proyecto de la escuela, también asegura que aquellos que se han ido a la ciudad, como muchos de los niños en clases hoy, también puedan tener buenas elecciones.

Los padres de los estudiantes encuentran casas y trabajos en las ciudades, pero no tienen donde cultivar vegetales y tener animales que produzcan leche fresca. María Candia está enseñando a sus alumnos que es importante que continúen comiendo sus alimentos nativos y saber de donde vienen, a pesar de que haya para comprar en el mercado local comida basura menos nutricional y con mayor disponibilidad.

De vuelta en el salón de clases, al final es el momento del almuerzo. Mientras las mamás y abuelas llevan los platos, los niños se estrujan alrededor del banquete de comida nativa: hamburguesas de quinua, chuño, huevos duros, maíz y carne.

Fidelia Berna Bravo, quien ayudó a su nieto a preparar la comida comentó “Les dijeron a los niños ayer que tenían que traer comida nativa para la clase. Algunos de los niños no sabían que traer”.

Ella creció en las tierras de su familia cerca de la frontera con Chile y Perú. “Es realmente alto y muy frio allá” dijo. “Era muy difícil de cultivar allá, por eso me trasladé a El Alto hace 30 años porque no hay mucha comida en el campo y la gente pasa hambre. En la ciudad la gente trae comida de todos lados, de todos los grupos de alimentos. Hay más comida disponible aquí, por eso nos trasladamos”.

Ella está muy feliz de aprender de su nieto sobre los grupos de alimentos y de compartir con él sus conocimientos del cultivo y alimentos nativos. “El me cuenta todo lo que hace en su clase con su profesora” dice Doña Fidelia, “Ella les enseña mucho, es como otra mamá para él”.

Los niños comparten sus lecciones y su deliciosa comida, con mucho gusto. Cuando a Juan Carlos Machaca Mamani, de siete años, se le preguntó si quería decir algo a niños de su edad en Estados Unidos que están interesados en el bienestar, tomó un sorbo de leche mientras pensaba en su respuesta. Su mensaje refleja el deseo de los donantes de Heifer para los bolivianos:

“Quiero que coman bien, sean felices y se cuiden mucho”.

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*Traducido del artículo “Nutrition Counts” de Donna Stokes por Cinthya Linale. Publicado originalmente en el blog de Heifer International http://www.heiferblog.org/